La forma en que se diseñan las ciudades puede influir en la conciliación y la corresponsabilidad
Cuando pensamos en urbanismo solemos pensar en edificios, carreteras o transporte. Sin embargo, la forma en que se diseñan las ciudades también puede influir en cómo organizamos nuestra vida cotidiana.
En los últimos años, distintos estudios sobre movilidad urbana han observado que mujeres y hombres no siempre utilizan la ciudad exactamente igual. Actualmente, las mujeres siguen realizando una mayor parte del trabajo de cuidados y del trabajo no remunerado, por lo que realizan con más frecuencia desplazamientos encadenados relacionados con llevar menores, acompañar a personas dependientes, hacer compras o realizar gestiones cotidianas.
Esto no significa que cuidar sea una tarea de mujeres ni que los hombres no cuiden. De hecho, cada vez hay más hombres implicados en estas tareas. La cuestión es que, hoy por hoy, estas responsabilidades todavía siguen distribuyéndose de forma desigual y eso también se refleja en cómo se usa la ciudad.
Aquí aparece una idea interesante: una ciudad diseñada para facilitar la vida cotidiana puede favorecer que estas tareas se repartan mejor.
Aspectos como disponer de transporte público conectado, barrios con servicios próximos, itinerarios peatonales accesibles, espacios seguros o recorridos que permitan combinar distintas actividades hacen más sencillo integrar los cuidados en el día a día.
Esto no significa que una ciudad vaya a generar corresponsabilidad por sí sola. Repartir los cuidados depende de muchos factores sociales, laborales y familiares. Pero sí puede facilitar que cuidar no dependa tanto del tiempo disponible, del coche o de que una sola persona asuma toda la organización cotidiana.
Por eso, cada vez se habla más de diseñar ciudades pensando en distintas formas de vivirlas y recorrerlas.
Porque una ciudad que facilita la vida cotidiana suele ser una ciudad que funciona mejor para todas las personas