¿Sabías qué…?

Casi dos de cada tres personas adultas que carecen de competencias básicas de alfabetización son mujeres

Cada 8 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Alfabetización, una fecha proclamada por la UNESCO para recordar que aprender a leer y escribir continúa siendo un derecho al que millones de personas todavía no pueden acceder en igualdad de condiciones.

Y este 2026 la conmemoración tiene un significado especial: se cumplen 60 años desde la proclamación de este Día Internacional.

A pesar de los avances conseguidos durante estas décadas, la alfabetización sigue mostrando importantes desigualdades. Actualmente, alrededor de 739 millones de personas adultas en el mundo carecen de competencias básicas de lectura y escritura y casi dos tercios de ellas son mujeres.

Pero ¿por qué esta desigualdad afecta especialmente a las mujeres?

En muchos lugares del mundo, las niñas y las mujeres continúan encontrando mayores barreras para acceder y permanecer en el sistema educativo. La pobreza, la carga de los cuidados y del trabajo doméstico, los matrimonios o embarazos tempranos, los conflictos, los desplazamientos forzados o determinadas normas sociales pueden hacer que la educación de las niñas quede relegada frente a la de los niños.

Y las consecuencias van mucho más allá de saber leer o escribir.

La alfabetización facilita el acceso al empleo, mejora la autonomía económica, permite comprender información sanitaria, favorece la participación social y política y ayuda a conocer y ejercer nuestros propios derechos. Por eso, garantizar el acceso de las mujeres a la educación también es una cuestión de igualdad y autonomía.

Además, en una sociedad cada vez más digital, hablar de alfabetización ya no significa únicamente leer un texto o escribir una frase. También implica disponer de las competencias necesarias para acceder a información, utilizar servicios, desenvolverse en entornos digitales y participar plenamente en la sociedad.

Sesenta años después de la proclamación de este día, el reto sigue siendo el mismo: conseguir que el lugar donde una persona nace, su situación económica o su género no determinen sus oportunidades para aprender.

Porque aprender a leer y escribir no debería ser un privilegio. Es una herramienta fundamental para construir autonomía, oportunidades e igualdad.

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