Poder decidir cuándo ser madre también es una cuestión de igualdad
Cada 26 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Anticoncepción, una fecha que invita a recordar que el acceso a información fiable y a métodos anticonceptivos no es únicamente una cuestión sanitaria: también está directamente relacionado con la autonomía reproductiva y la capacidad de decidir sobre el propio proyecto de vida.
Hablar de autonomía reproductiva significa poder decidir si se quiere tener hijos o hijas, cuándo tenerlos y con qué intervalo, de manera libre e informada y sin coacciones, miedo o presiones externas. Para que esa libertad sea real, también es necesario disponer de información médica adecuada y de métodos anticonceptivos seguros y accesibles.
Y estas decisiones tienen consecuencias que van mucho más allá de la reproducción.
Poder planificar un embarazo puede facilitar que una mujer continúe sus estudios, acceda o permanezca en el mercado laboral, desarrolle su carrera profesional y tome decisiones sobre su futuro con mayor autonomía. La Organización Mundial de la Salud señala precisamente que el acceso a la planificación familiar contribuye a la igualdad de género y favorece las oportunidades educativas y económicas de las mujeres.
Sin embargo, este acceso todavía no está garantizado para todas las personas. De los 1.900 millones de mujeres de entre 15 y 49 años que había en el mundo en 2021, alrededor de 164 millones tenían necesidades de anticoncepción que no estaban cubiertas. Entre las barreras se encuentran la falta de determinados métodos, el coste o la disponibilidad de los servicios, la desinformación, el miedo a los efectos secundarios, los prejuicios de quienes prestan atención sanitaria o determinadas presiones sociales y familiares.
La desigualdad de género también puede limitar esa capacidad de decisión. En algunos contextos, las mujeres necesitan la aprobación de su pareja, temen ser juzgadas por utilizar anticonceptivos o encuentran dificultades para acceder de forma autónoma a servicios de salud sexual y reproductiva.
Por eso, garantizar el acceso a la anticoncepción no consiste en decirle a una mujer qué método debe utilizar ni en decidir por ella. Precisamente significa lo contrario: que pueda disponer de información, opciones y atención sanitaria suficiente para tomar libremente la decisión que mejor se adapte a sus circunstancias y necesidades.
Porque poder decidir sobre la maternidad también influye en la educación, el empleo, la independencia económica y las oportunidades futuras.
Y la igualdad empieza también ahí: en poder decidir libremente sobre nuestro propio cuerpo y nuestro proyecto de vida.